INCERTIDUMBRE

 Y dime tú, en qué momento la vida me quiso poner entre la espada y la pared. 

Sí, la vida una vez más me pone la mano encima del hombro y me dice "amiga, esto es duro pero son cosas que en ella pueden pasar, porque si no fueran duras, no sería vida".

Y entonces es cuando la incertidumbre te recorre desde las puntas de los dedos de los pies hasta la punta del pelo. 

Mi incertidumbre se quedaba entre dos aspectos: decidir con 23 años si quería seguir el camino del amor, o por el contrario prefería seguir el sentimiento de bienestar en casa.

Pues sí, todo comienza cuando decido irme a trabajar fuera de mi comunidad autónoma por imposibilidad laboral. Y es entonces, allí, donde el amor se presenta sin querer y sin buscar. Vaya, aparece en ese preciso momento en el que nunca nadie busca, y siempre encuentra. Pero qué manera de encontrarlo... Porque éste era único. 

Entonces te vas a vivir con él, y empieza tu macabra aventura. 

Pero allí la vida laboral y social no es la deseada, pues me encuentro situaciones que me llevan al malestar emocional. 

Sea por el motivo que sea, la vida me llevó allí, pero mi sentimiento de dos años después era otro: ya no estaba a gusto, no me sentía plena. Algo me faltaba.

Y claro, llega el tan querido y odiado a partes iguales verano y te abraza en tu casa.  Y te desmonta.

El sentimiento de estar bien contigo, te inunda. Su gente, su ambiente, su forma de ser. Todo.

Y es entonces cuando debes decidir dónde llevar tu trabajo. Y nada va como esperabas. 

Sea como fuere, esta es mi, hasta ahora, pequeña incertidumbre que llevo dentro. Y creo que nunca es fácil tener que elegir entre casa y amor, pues no es lo mejor en esta vida para elegir. 

Y ojalá no tuviera que elegir. 

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