CARIÑO A LA AMISTAD
Esta caja te representa a ti, ser de oro y brillo. Un día, como aquel que no quiere la cosa, a causa del alineamiento entre Saturno y Júpiter o vete tú a saber, esa misteriosa caja cayó de pleno en mi vida. Justo cuando apareció poco a poco tuve que empezar a abrirla para poder ver qué descubriría en su interior y qué aventuras me depararía aquella caja.
Las capas que componían esa caja se fueron mostrando y descubriendo. Entre ellas, pude ver un campo de flores todas llenas de colores, que hacían ver la capa de la alegría y la viveza. Muchas veces, esa capa te hacía pensar que caminabas por un campo repleto de ellas, y te sentías muy reconfortantemente.
Levanté otra capa, y en ella vi el brillo, que era de muchos colores, pero eso daba igual, porque seguía siendo brillo a pesar de todo. Y a veces incluso podías ver cómo ese brillo te saltaba en la cara, y revitalizaba.
La siguiente capa parecía que se metía en la parte más negra de la caja. En ella se podía ver que habían manchas oscuras, manchas negras de un pasado que se habían quedado aferradas y que costaban mucho de soltar. Manchas que no había manera de despegar de ese pasado endeble, aterrador y martirizante.
Pero nada más levantabas esa capa, la siguiente era capaz de demostrarte que habían otras manchas, otras pelotas que eran exactamente igual que las de la capa anterior, sólo que estas tenían algo más de color. No porque fueran de diferente color eran menos importantes, ni menos bonitas, ni hacían a la caja menos especial. Porque esas bolas y manchas negras que me había encontrado en la capa anterior le daban sentido al contexto entero de la caja, le habían dado valor y experiencia.
Debajo, encontré otra capa que tenía todas las caras de la caja. Ellas hacían ver que fueran buenas o fueran malas, cobraban sentido y variedad, sencillez y cambio.
En la siguiente de las capas era una aventura, una locura y una libertad. Esta capa era una fauna. Esa caja, tenía no un animal, sino varios animales marinos que hacían miles de aventuras y disfrutaban de cada historia en la que se metían.
Pero mucho me temo, que las capas se acabaron. Y en el fondo de esa caja, me encontré la última de las capas que la formaban, y que no era menos importante que todas aquellas que me había ido encontrando con anterioridad. Me atrevería a decir que esa capa había sido el motor de la vida de esa caja, el motor que estaba destrozado. Para ser más precisa, me encontré con un corazón hecho pedacitos. Este estaba completamente roto, por todos los lados, ya que muchos factores habían hecho que ese motor de la cajita estuviera destrozado. Pero con todas mis fuerzas y después de haber visto todas las capas anteriores, pensé que merecía la pena hacer un gran esfuerzo, y ya que me había metido de alguna manera u otra en la vida de esa caja, podría intentar reconstruir esas piezas rotas, formando un puzzle completo poco a poco. Así, decidí que el camino para arreglarlo debería ser lento y lleno de paciencia, debería de estar formado por la confianza, por el cariño, por el respeto, por la amistad, por la compañía, por escuchar, por preocuparse, por aceptar cada cosa buena y cada cosa mala.
Y espero que algún día ese corazón se sienta a gusto y en paz, y que se pueda volver a mostrar tal y como es propiamente, un motor que arranca cajas, pero que también arranca vidas.
Comentarios
Publicar un comentario